domingo, 18 de diciembre de 2011

¡Que se viene el aguacero!


Caminando por el campo,
llegué a la casa de mi suegro,
esperando me reciba la hija que pretendo,
cuál fue mi sorpresa,
al saber que ella no estaba,
me abrió la puerta el suegro,
y me dijo que pasara.

Cruzamos la mirada y cayó un aguacero,
entonces yo le dije,
-el agua se vino fuerte, ¿verda' suegro?,-
dándome cuenta
de que la última palabra no encajaba,
y él me contestó,
-¡Sí, claro!, lo siento no por mi,
sino por los que ya se tienen que ir-.

Al no ver otra opción,
me dirigí a la salida,
esperando escuchar,
¡No se vaya todavía!
Pero al no ser así,
salí inmediatamente,
tratando de encontrar
un refugio para guarecerme.

                                 Fidel Cantú

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